domingo, 26 de marzo de 2017

MILES

Fumo despacio
saboreando cada calada.
Te intuyo en el humo
mientras escucho a Miles.
Como siempre, llevo el pelo despeinado,
absolutamente imperfecta
así, como soy yo.
Cierro los ojos
y vuelvo a aquel bar del centro,
al fondo, nuestra mesa,
nosotros, mundanos y felices
casi imperceptibles tras la niebla del bar.
Nuestras risas, cadencia insuperable
al jazz que da color al local
noche tras noche
como si rigiera nuestras vidas.
Miles, ajeno a todo, sigue tocando…
Se acaba el humo y tú, también.


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