domingo, 23 de abril de 2017

BIENVENIDO AL RINCÓN DE LOS CORAZONES ROTOS





Había anochecido sin darme cuenta, sentía como si los colores de la noche me pisaran los talones, era justo en este punto de tonalidad azul oscuro casi negro cuando comenzaba la vida. Caminaba por una calle llena de bares a ambos lados. La acera era quizás demasiado angosta para ser una de esas zonas por donde debe moverse la gente de un local a otro. Hacía frío, demasiado. Me dolía la espalda de ir encogido y me tambaleaba un poco, puede que más de lo que creía. Llevaba bebiendo casi todo el maldito día y eso era lo que pensaba seguir haciendo durante el resto de la noche.
Había dejado pasar varios bares, no me llamaba la atención ninguno aunque curiosamente me servía cualquiera, pero por alguna razón, no me animaba a pasar a ellos.
El penúltimo local, casi al final de la calle, se veía un letrero de brillo ínfimo, HBH, no recordaba haberlo visto con anterioridad y pasaba media vida en esa calle. Algo raro para un local recién abierto, deberían revisar la instalación de la luz.
Me dirigí hasta la entrada del HBH, aquí pasaría y terminaría mi noche o todas las noches, nunca se sabe lo que te puede deparar la vida.
Entré al bar, el camarero estaba de espaldas a la puerta, hablando con una mujer y parecía importarle poco o nada mi llegada. El sitio no estaba mal, era amplío y no había mucha gente; para lo que yo tenía pensado hacer, beber, era el sitio ideal, nadie que molestara, nadie que hiciese preguntas que yo no quería responder, perfecto. Un pequeño escenario a la derecha, la barra del bar alargada frente a la puerta y aquel letrero de luz roja al fondo de la barra del bar, al verlo supe que era mi sitio: “Bienvenido al rincón de los corazones rotos”
Yo tenía el corazón roto, despedazado, destrozado, oxidado, apenas sin vida…Sue.
Sue era mi chica, mi amor y se había largado para no volver. Desapareció un mes atrás, sin rastro, sin explicaciones, ni una jodida nota, ni un beso de despedida, nada. Y yo quería desaparecer también, no huir, sólo desaparecer donde ella estuviera; pero cuando la tristeza te inunda, la sensación de la nada se apodera de ti, te come por dentro y te consume ya no hay vuelta atrás, el paraíso se esfumó para siempre.
Me senté en la barra, debajo del letrero de los corazones rotos, al menos alguien me daba la bienvenida; el camarero seguía a su historia, de espaldas a todo y yo quería beber. Sonaba alguna canción, pero no atendía, mi banda sonora ya no era ni recuerdo.
Alcé la mano haciendo ademán de llamarle y antes de que abriera la boca, tenía al camarero frente a mí y así fue como me quedé, con la boca abierta y totalmente en shock.
-         ¿Qué te pongo, hijo?-  Me preguntó el camarero
-         ¡Hostias!- Musité
-         Bueno hijo, puedo darte una pero eso no es de lo que servimos aquí- me respondió sonriendo de medio lado.
-         Elvis Presley ¿no puede ser verdad?- dije
-       El mismo que te sirve, hijo. Y te daré un consejo: no vayas contándolo por ahí, además de tomarte por borracho también lo harán por loco- Abrió la boca y dejó ver unos prominentes colmillos afilados.
Elvis estaba vivo y era un vampiro gordo y pálido. Me quedé unos segundos mirándole, en silencio y con los ojos abiertos todo lo que era capaz. No podía ser, era temprano y estaba ya muy borracho pero la noche es larga y beber era mi cometido  principal. Dudaba y divagaba. Dudé sobre si Elvis era él, si existían los vampiros y sobre qué bebida pedir.
-         Ponme una Seagram´s en vaso ancho y sin hielo.- Le pedí
Dejé de beber combinados de ginebra cuando supe que ya no tenía nada que perder. Para qué mezclar, las mezclas son como las ilusiones: efímeras y engañosas. Y para qué dudar con el licor que iba a beber si las dudas son tantas como las incertidumbres, tantas o más como lo son tus silencios, Sue, que son respuestas, puñales directos a mi corazón roto.
Elvis era un jodido vampiro y me servía Seagram´s sola, en vaso ancho y sin hielo. ¿Podéis creerlo? Cada vez que me llenaba el vaso me miraba y cantaba el estribillo de Don´t be cruel…

Don´t be cruel to a heart that´s true

Cantaba y se daba la vuelta haciendo su famoso movimiento de cadera mientras devolvía la botella a la estantería.
¡Qué guapo era Elvis, joder! Estaba gordo, pero aún así, pálido y con sobrepeso,  seguía siendo guapo. Todos hemos querido ser Elvis alguna vez, el Rey del Rock and Roll.
Seguí pidiendo tragos… dos, tres, cuatro….Podía sentir la mano de Sue acariciando la mía bajo la barra y la caricia de una tela sobre la piel desnuda de mi brazo ¡Joder estaba solo! ¿cómo podía ser posible? Aunque si lo pensaba un minuto, tampoco era posible que Elvis estuviese vivo y ahí estábamos.
Quería llamar a Sue, probar suerte por si había vuelto a casa.
-         Señor Presley , me presta un teléfono, por favor- Le pedí
-         Claro hijo, aquí tienes- Me ofreció su teléfono bañado en oro.
Estaba alucinado ¿cómo coño lo había recuperado?, leí una vez que se había subastado. Yo, usando el teléfono del Rey del Rock & Roll.
Marqué varias veces pero nadie contestaba, sólo quería que Sue volviera, que contestara y escuchar su voz….
Devolví a Elvis su teléfono bañado en oro y le pedí otro trago. Dejó la botella de Seagram´s junto a mi vaso, se estaría cansando de hacer el numerito de Don´t be cruel. Cogió su guitarra y se dirigió al pequeño escenario…aquello era Heartbreak Hotel y seguía cantando de puta madre. Las cuatro almas perdidas que estábamos en aquel extraño local no pudimos apartar la mirada de él.




Desde luego Elvis había conocido tiempos mejores, ya no le rodeaban cientos de mujeres pero se le veía feliz, en paz consigo mismo y con lo que era.
-         Elvis, póngame otro trago
-         Todos tus pasos te han traído esta noche aquí por una razón, hijo.- Me dijo Elvis sacando sus colmillos.
-         No quiero morir-Le dije
-         ¿Crees que esa es la razón por la que has entrado aquí?- Me preguntó
Me quedé pensativo unos segundos. Sue. El jodido Elvis Presley tenía razón.
Volví a sentir una mano, esta vez en la rodilla, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y el corazón comenzó a bombear con fuerza. Ahora la veía, Sue, completamente pálida, preciosa. Besaba mi mejilla y me acariciaba la cabeza con una ligereza asombrosa. Estaba viva o no viva, pero estaba.
-         Sue, cariño ¿qué te ha pasado?
-         Shhhhhhhhhhh, calla- susurraba ella.
-         ¿Dónde has estado?- Le pregunté
-        Aquí, todo este tiempo. He estado aquí pero no me has encontrado hasta esta noche. Voy a quitarte todo ese dolor que tienes, cariño.- Me dijo Sue mirándome a los ojos fijamente.
-         ¿A qué te refieres?- Pregunté confundido
-         Shhhhhhhhh, calla- Volvió a decirme.
Miré a Elvis que nos observaba sonriente desde la barra. Sue me besó en la boca, paró y volvió a mirarme fijamente, no sé qué demonios hizo pero yo dejé de ser yo y la poca voluntad que me quedaba se fue con ella. Señaló con su dedo índice mi cuello, lentamente fue acercando su boca a la marca y clavó sus colmillos con delicadeza. Noté cómo la sangre de mi cuerpo se escapaba, me iba a convertir para pasar el resto de mis días con ella. Una efímera sonrisa de felicidad cruzó mis labios durante un instante pero Sue no paraba y Elvis comenzó a reír a carcajadas. En un segundo lo tenía sobre mí, comiéndose mis entrañas y devorando el poco dolor que Sue me estaba dejando. Cuando me quedaban pocas gotas de sangre por drenar, supe sin ninguna duda que quería ser Elvis una vez más.
Ella se quedaba con él y yo me quedaba seco y sólo bajo aquel cartel que me daba la bienvenida otra vez en la misma noche.


Gracias, B. por el movimiento de cadera, gracias infinitas.

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