sábado, 28 de mayo de 2016

SPRINGSTEEN, THE MAN WHO BORN TO RUN AND OTHER HISTORY



Sábado, 21 de Mayo de 2016. Santiago Bernabéu. Madrid.

Supongo que esto que voy a contar ahora le sonará a mucha gente, sobre todo a quienes hayan disfrutado de lo que es tener pueblo.
Este pasado sábado me reuní con tres de mis primas. A dos de ellas hacía bastante que no las veía (faltabas tú, R.) y este fin de semana nos juntábamos para ver a Bruce Springsteen.
Me pidieron que les consiguiese las entradas y decían que yo tenía que ir también pero no me lo podía permitir. Gracias a ellas y a su insistencia pude asistir al concierto ya que entre todas me invitaron.
Era la primera vez que asistíamos a un directo de Springsteen y estando juntas como desde hacía muchos años que no lo estábamos (muy probablemente por mi dejadez) así que con esta reunión no pude evitar volver a mi adolescencia, probablemente unas de las mejores épocas de mi vida y que con más cariño guardo en mi memoria.
Desde bastante pequeña pasaba todas las vacaciones escolares en el pueblo de mis padres y era algo que me encantaba. Allí eras más libre que en la ciudad, estabas siempre en la calle; haciendo cosas, jugando, en la piscina…y de esos juegos pasas a tus primeras salidas nocturnas, las primeras cervezas, los primeros cigarrillos, la primera vez que ves amanecer tras una noche de marcha…y qué queréis que os diga, todo eso fue siempre con vosotras chicas. Tengo buena memoria y esas son vivencias que no se olvidan, que siempre te acompañan a pesar del tiempo y el espacio que nos pueda separar ocasionalmente, sólo puedo deciros. Gracias. Os quiero.

La zona de Concha Espina estaba acordonada (algo que no me gustó) y con bullicio de gente desde primera hora de la tarde; aún con todo y eso la organización de entrada al concierto dejó mucho que desear y a mucha gente en la inmensa cola de entrada al estadio cuando a las 21:11 horas salía Springsteen y su E Street Band a escena con Badlands. Lo sé porque fui de las que tuvo que escucharla casi entera desde fuera. ¡Una pena! Ser puntual es una buena costumbre pero si tienes fuera del recinto a tanta gente deja de serlo bastante.
The River Tour no lo fue tanto, se sabía ya que no tocaría el álbum al completo por los sets lists de los conciertos anteriores aunque era lo “prometido” al inicio de la Gira con motivo del  35 Aniversario del ya mítico disco The River. Sonaron más canciones del disco Born in the USA que del de la propia gira pero bueno…aunque yo era la primera vez que le veía, entiendo perfectamente la decepción de muchos de los fans y de los asistentes al evento.




Bruce Springsteen y su E Street Band llenan estadios pero funcionan sin grandes efectos de artificio porque lo que llevan consigo es una gran banda de músicos y a Springsteen que a sus 67 años estuvo cantando y tocando junto a su banda durante casi tres horas y media sin parar, haciendo lo que sabe: Rock and Roll al más puro estilo clásico. Lo que no les acompañó fue el mal sonido del Santiago Bernabéu, sobre todo donde  yo estaba (Fondo Norte) no se apreciaba el buen hacer de la banda, no se distinguían bien unos instrumentos de otros y en ocasiones ni las letras de las canciones.
Aquí os dejo el set list de esa noche:
 




A mi me hubiese gustado que tocasen entre otros temas que me acordé esa noche Not Surrender, Secret Garden, Drive All Night e incluso Tunnel of love por citar algunos pero claro después de más de treinta temas no se puede pedir mucho más.
Para mi los mejores momentos de la noche y aunque suenen a topicazo fueron cuando tocaron Sherry Darling (que sonó fantástica), Hungry Heart (es un tema muy esperanzador que siempre me ha encantado), Trapped (Gran canción, triste, de perdedores), The River (preciosa y un clásico), Point Blank (es una de esas canciones que te hablan de la vida, de los errores que cometemos de cómo se pueden intentar enmendar), Because the Night (polémica canción de Patti Smith/Springsteen, yo aún no sé bien a quien darle la autoría de los dos pero es un temón, Human Touch (eso que todos necesitamos antes o después y que a veces se nos olvida) y todos los bises, especialmente Thunder Road, el acústico que se marcó un Bruce Springsteen solo ante un estadio con más 55000 personas.




A pesar de los problemas de sonido, de haber entrado ya iniciado el primer tema, lo pasé genial y lo que vives en ese momento lo recordaré siempre por el  buen ambiente y una inmejorable compañía.


Fue una gran noche donde bajo el cielo de Madrid, yo al menos, Bruce, me rendí a tus pies.  



Publicado originalmente en una colaboración con el blog El Cajón de la Calavera Sinfónica:
http://lastrescalaveras72.blogspot.com.es/2016/05/springsteen-man-who-born-to-run-and.html


lunes, 2 de mayo de 2016

ME ENCONTRASTE




Siempre tuve los pies en el suelo.
Pocas veces me he permitido levantarlos.
Hacía algún tiempo que no veía la luz
Que mi corazón desgastado no latía.
Últimamente ni siquiera me encontraba
pero siento que tú me has encontrado.
Ahora puedo ver la luz y los colores,
noto que mi corazón vuelve a latir,
que me falta el aire cuando no sé de ti
y que siempre estás en mi pensamiento.
¡Quédate, quédate siempre conmigo!
Aunque no pueda tocarte ni besarte ni susurrarte.
Siento que puedo hacerlo, que lo hago.
Te siento y te respiro a cada momento.           
No me importa cómo te llames;
sólo quiero que me lleves…
llévame, llévame siempre contigo.

It´s always you and Barcelona City 


martes, 12 de abril de 2016

GINGER (+18)

Este relato fue publicado en otro blog hace casi 4 años. Lo he retocado un poco y quería tenerlo aquí. No lo he puesto antes por esa estúpida cosa llamada pudor. Contenido +18


Entré al club como cada jueves por la noche. El humo del ambiente tan cargado me hizo entrecerrar los ojos que ya empezaban a  picarme mientras se acostumbraban a la tenue luz del local.
Me senté en la barra. Pedí lo de siempre. Doble de vodka, Grey Goose por supuesto.
Seguí el patrón semanal: observé a las chicas, paseando la mirada una por una, buscándola a ella, Ginger.
Ginger, Ginger, Ginger, Ginger, Ginger, Ginger, Ginger, Ginger Ginger, Ginger, Ginger…su nombre retumbaba en mi cabeza sin cesar.
Ginger era una chica del barrio. Veintitantos. Decían por el barrio que no quiso estudiar y acabó de bailarina de barra americana, aunque creo que la vida tampoco la trató demasiado bien. Su madre era alcohólica y su hermano el camello del barrio. Años atrás yo mismo fui a su casa cientos de veces a pillar lo mío. Ginger siempre estaba en el mismo sitio, tirada en el sofá viendo no sé qué mierda de programa para adolescentes. A veces me miraba mientras yo esperaba a que su hermano me vendiera la coca. A veces me sonreía y puedo decir que ya entonces-y de esto hace unos años-tenía la sonrisa más sexy del mundo.
Ginger … peligrosa, pelirroja, labios de infarto, ojos verdes y un cuerpo voluptuoso que en mis sueños me volvía loco cada noche. Siempre soñaba lo mismo. Ella estaba sobre mí, desnuda, su pelo largo y rojo caía sobre mi cara todas y cada una de las veces que la asía más a mi.
Sólo era un sueño porque en el club no podía tocarla. Sólo mirar decían los carteles.
Yo, a punto de cumplir los cuarenta, alcohólico y ahora ex cocainómano. Mucho tiempo sin tener sexo de verdad. ¡Joder, la gran mayoría de las noches acababa demasiado borracho como para intentar meterla en ningún sitio! Y eso era un problema porque me moría de ganas de estar dentro de ella.
Ese día había bebido menos de lo habitual, tenía que llegar lo suficientemente sobrio a la hora de cierre del club porque esos sueños me estaban volviendo loco. Lo habitual era que me quedara noqueado mientras Ginger bailaba. Ya no podía esperar más. Debía ser esa noche, tenía que aguantar sin desmayarme para descubrir lo que se sentía de verdad al tener su pelo rozando mi cara y mi polla dentro de ella.
Pedí otro vodka, me mojé los labios para poder sentir de nuevo el escozor del alcohol recorriendo mis venas y avancé hasta la tarima roja sobre la que se movía Ginger, tan sensual, tan eróticamente salvaje…sí iba a volverme loco del todo con el movimiento de sus caderas.
Me quedé plantado frente a ella como una estatua, esperando para obtener toda su atención. Me miró. Nos miramos. Y ella me dedicó una sonrisa muy perversa mientras se deslizaba insinuante por la barra americana. Se me puso dura instantáneamente. Para compensar me mordí el labio tan fuerte que me hice sangre y ella abrió sus ojos sorprendida. Le tendí la mano para ayudarla a bajar del escenario, ella se agarró aunque al bajar acabó con su boca en mi cuello y eso no me ayudaba mucho. Ese pequeño roce me ponía más cachondo todavía.
Ella ya sabía lo que había. Un privado.
Cabinas cerradas con cortinas. En el interior sillones blancos de diseño, una mesita de metacrilato transparente y la cámara de seguridad, para controlar.
Entré primero, dejé el Grey Goose  y dos billetes de cincuenta sobre la mesa. Me acomodé en el sillón.
-¿Qué clase de baile quieres?-me preguntó Ginger.
-Haz lo que quieras. Échale imaginación-le contesté yo.
-Como quieras. Ya conoces las reglas. Sólo mirar, nada de tocar. Sólo yo te puedo tocar si quiero. ¿Queda claro?
            Asentí moviendo la cabeza de arriba a abajo y alzando las manos.
            Ginger comenzó a bailar moviendo sus caderas de un lado a otro, bajando poco a poco y volviendo a subir. Yo no le quitaba ojo, no podía apartar mi mirada de ella.
-Hoy estás distinto, parece que no te vas a quedar dormido-me dijo sin parar de contonearse, acercándose a mi poco a poco, fijando sus ojos verdes en mi.
-No. Hoy pienso estar despierto toda la noche.
Ginger se pasó las manos por los pechos sin parar de mover las caderas como un demonio y un calor procedente del mismo averno se apoderó de mi cuerpo, de mi mente y de mi polla que crecía cada vez más.
 Ella seguía bailando para mí.
Yo luchaba por no tocarla, ya no sabía que hacer con mis manos, unas manos que se rebelaban por tocar cada centímetro de su piel. Su culo ya estaba casi rozando mi cara y yo me relamía el labio inferior que todavía sabía a hierro, pero lo que de verdad estaba deseando era retirar esa minúscula braguita que nos separaba y descubrir el sabor que se escondía entre sus piernas…dulce condena.
No podía. Sólo mirar decía el cartel. Querer y no poder.
Ginger se sentó a horcajadas  sobre mí, puso las manos sobre mi pecho para sujetarse mientras arqueaba la espalda echándose hacia atrás. Al subir su sexo quedó pegado al mío. Yo noté su calor y ella pareció sorprenderse al notar mi erección. Sus ojos se agrandaron y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. Maldita sonrisa.
 Se restregó tanto contra mi que creí que iba explotar. Mis manos que estaban estiradas a lo largo del cabecero se agarraban con fuerza al relleno del sillón. Yo sólo quería tocarla, acariciarla, besarla y lamer cada rincón de su cuerpo.
Ginger se incorporó, separándose de mí.
-El baile ha terminado-dijo ella
Me levanté, me bebí de un trago el Grey Goose y me dispuse a salir.
-Ginger- dije
-¿Sí?
-Te espero fuera
No contestó, pero sus ojos ardieron de deseo.
Tenía que ser esta noche.
La esperé un rato fuera, apoyado en el coche. Saqué un Marlboro y lo encendí. El resplandor del encendedor iluminó mi cara. La vi salir. Me miró, dijo algo a las chicas que la acompañaban y comenzó a andar hacía a mí. Era como una diosa bajando del Olimpo. El pelo alborotado por la brisa nocturna, los pechos sobresaliendo por su escote, sus piernas me parecían cada vez más largas y su falda muy corta.
-¿Qué quieres?-me preguntó
La miré y me reí. Ya nadie nos oía. Sólo estábamos ella y yo. Su coche y el mío.
-No te rías y dime qué quieres- volvió a decir un poco enfadada.
Paré de reír. Me puse serio y la miré, frente a frente. Este era mi momento y no podía andarme por las ramas ni aplazarlo un segundo más.
-Lo que quiero es meterme dentro de ti toda noche, follarte de todas las formas posibles hasta que no puedas más y me supliques que pare y que grites, que grites mucho cuando me corra dentro de ti-suspiré un segundo y la agarré por los hombros-porque estoy obsesionado, sueño todas las noches contigo y no puedo sacarte de mi jodida cabeza y …
Y Ginger tapó mi boca con sus labios. Nos besamos larga y profundamente. Reconociéndonos, ardiendo. Mordió mi labio que volvió a sangrar y lo relamió. Ese gesto me volvió loco. Agarré su culo, pegándola más a mi erección, metí la mano por debajo de su falda para acariciar y tocar todo lo que mis dedos abarcaran ¡sorpresa!
-No llevo bragas-dijo riendo
-Mucho mejor, entremos en el coche.
            Nos colocamos en la parte trasera y Ginger que no paraba de besarme me desabrochó los pantalones y me ayudó a deshacerme de ellos, sin darme tiempo se abalanzó sobre mí, parece que tenía prisa. Me obligó a quedarme sentado con el culo sobre mis talones, cuando quise darme cuenta sus labios y su lengua ya estaban jugando con mi glande, jadee, casi grité porque una chica de su edad no debería saber hacer tan bien esas cosas. ¡Oh joder! Agarré su pelo y mantuve el ritmo hasta que supe que no iba a aguantar mucho más.
            -Espera, espera. Ahora me toca mi.
-Vale, pero enciende la radio- me pidió Ginger
-No. Aquí no tienes que bailar para nadie-respondí
-Te equivocas, esta noche voy bailar sólo para ti-contestó ella.
No me hizo caso y la encendió. Era una chica rebelde.
Sonaba You don´t own me, una versión, The Blow Monkeys. ¡Putas versions! La canción se equivocaba porque esta noche sí me pertenecía, era sólo para mí.
Ginger se había quedado dándome la espalda, aproveché su postura, le acaricié las piernas, separándoselas, le subí la falda hasta la cintura, le pasé la mano por su precioso sexo húmedo que ya estaba listo para recibirme; pero primero quería darle lo que ella me había dado mí. Pasé la mano por delante de su pierna y con el dedo corazón comencé a acariciar su hinchado clítoris mientras lamía lentamente sus labios. Ella gemía y presionaba su cuerpo contra mi boca. Mi lengua quería darle más placer y empezó a conjugar los lametones con las penetraciones. Ginger no aguantó más, gritó y se corrió en mi cara y con mi lengua dentro de ella. Me encantó oírla gritar de placer.
Después de unos segundos para recuperarnos Ginger agarró mi polla con decisión y en esa misma postura se la colocó en su entrada, se deslizó hasta que no pudo entrar más, yo suspiraba pero ella no me dio tregua y comenzó a subir y bajar ayudándose de los reposa cabezas delanteros a un ritmo de vértigo, me iba a correr y ella también, otra vez, podía notar las contracciones apretándome cada vez más. Haciéndome sentir un placer infinito. Llegó el momento, me agarré a sus caderas e incrementé el ritmo, entrando una y otra vez, y una más hasta que Ginger gritó, gritó mi nombre y yo grité también mientras vertía todo mi ser dentro de ella.
Ginger se puso  a horcajadas sobre mí, me besó el cuello y en la boca. Susurró algo en mi oído y se echó a un lado.
Era el fin.
Después de vestirnos, salimos del coche a tomar el aire y a fumar. Nos mirábamos y sonreíamos como dos tontos.
            -Me marcho-dijo ella
-Nos vemos- le dije a Ginger al despedirme
Ginger me miró directamente a los ojos. No me contestó; pero me besó lenta y dulcemente. Me dijo adiós levantando la mano. Se subió a su coche y no miró atrás. Ni siquiera pude ver su mirada en el retrovisor.
Volví al club la noche siguiente con la esperanza de volver a verla. Repetí mi patrón: observé a las chicas, paseando la mirada una por una, buscándola a ella, Ginger; pero Ginger ya no estaba, me dijeron que se había largado. En este momento sólo estábamos Grey Goose y yo, como siempre era el único que no me fallaba.
Por eso no quería música en el coche la noche anterior. Cada maldita vez que escuchara esa canción la tendría sobre mí. Ahora me daba cuenta de que el equivocado era yo y no los jodidos The Blow Monkeys. You don't own me, Don't try to change me in any way. You don't own me, Don't tie me down 'cause I'd never stay.
Siempre la recordaría sobre mí, con su pelo sobre mi cara, susurrando mi nombre como si nunca más hubiera querido  nombrar a otro y diciéndome que había deseado hacer esto desde que me sonrió, años atrás, en aquel sofá…                                 


Originalmente se puede leer aquí: http://cuentosconmorbo.blogspot.com.es/2012/05/ginger-de-tinajararnrs.html?zx=83b8c4056cdc9ce0

miércoles, 16 de marzo de 2016

HASTA NUESTRO PRÓXIMO BESO


Quiero volver a aquella tarde.
Retroceder en el tiempo
que suene esa canción, la que fue nuestra
y que vuelvas a girarte, mirándome,
con el reflejo del deseo brillando en tus ojos,
buscando ese beso, y otro y otro más.



Pude sentir que no cambiarías ese momento por ningún otro,
ni por nadie más.
Fuimos especiales aquella tarde
pero no eternos, sólo este recuerdo lo es…
Mis manos alrededor de tu nuca,
las tuyas sujetando mi cara…
Otro beso, risas, el mordisco, prisa por más.
Nuestras lenguas quemando el deseo,
queriendo huir de las miradas ajenas.
Solo un instante.
Hasta nuestro próximo beso.
Las tardes de este medio invierno
Siguen siendo demasiado frías sin ti.
Quiero el calor de aquellos labios.
Quiero volver a aquella tarde.



viernes, 4 de marzo de 2016

QUISIERA SABER



Quisiera saber
si aún saldrá el sol para nosotros.
Si entre tanta oscuridad, una brecha
nos podrá volver a iluminar.
Si los nuevos comienzos no son finales reciclados.
Si dentro de cien años o más,
seguirás mirándome igual.


Si mañana,
seguirán tus dedos acariciándome el alma,
si los te quiero caducarán porque habrá muchos más.
Si podremos seguir siendo los que creíamos ser,
si aquel tren será de largo recorrido
Si la música y la melodía de nuestras palabras
no dejarán de sonar.
Quisera saber,
quisiera saber que estarás.
 

lunes, 11 de enero de 2016

BOWIES BODY IS STARDUST AND STARDUST NEVER DIES (Anna Kim Petty)


EL CAMALEÓN DEL POP, ROCK, SOUL, FUNK, DISCO

Escribir con la lágrima a punto de caer, puede que no sea la mejor forma de empezar o sí. Ya no lo sé. Acabo de mirar todos mis singles de Mr. Bowie (como yo siempre decía) y me inunda una tristeza que te cagas.


Escucho The Rise and Fall of Ziggy Stardust en este momento y pienso en la cantidad de pasillos de metro que he recorrido con los cascos puestos y escuchando este disco y por encima de cualquier otro tema Suffragette City.
Recuerdo las tardes frente a la tele cuando no tenía ni puta idea de quién eras (no fuiste de esos artistas a los que descubrí demasiado pronto para mi desgracia) veía Dentro del Laberinto (30 años ya de esta película) y me creía que era Sarah (Jennifer Connelly) y sólo pensaba en que no me hubiese pensado ni un momento en quedarme para siempre contigo, Jareth, El Rey de los Goblins.
Otra de esas películas de niña que me recuerdan siempre a ti  es The Breakfast Club, comenzaba con una de tus grandes canciones Changes…. ya nos mostrabas aquello a lo que aspirábamos con ansia.


Y el adolescente incomprendido de C.R.A.Z.Y. cuánto pude acordarme de aquellas tardes tirada en la cama mientras escuchaba Space Oddity, Aladdin Sane, Hunky Dory y algunos otros. Épocas en las que me sentía una outsider y en las que tus canciones me daban respuesta a todo.
Hoy mis recuerdos no duelen. Te traen de vuelta aquí, a mi pequeño reducto de estrellas, de sueños y menos glam de lo que me gustaría.
Son muchos los temas que podría nombrar pero siempre hubo uno con etiqueta de canción perfecta y no es otro que The Man Who Sold the World, aquí os lo dejo.


Su último adiós, su despedida. BlackStar. El primer día no le pillé el gusto (me suele pasar) había que darle otra vuelta. ¡Fantástico trabajo!
25 discos. 69 años. Savoir faire por cada nota, por cada movimiento, por cada poro de su piel. ¡¡¡Larga vida al Rey del Glam!!!
David Robert Jones, seguiré perdiéndome contigo en este Laberinto. RIP



miércoles, 9 de diciembre de 2015

QUIZÁS MAÑANA




Quizás mañana busque tu mirada,
tu sonrisa, tu voz.
Quizás mañana quede el sabor
de mis besos, de tu lengua.
Quizás mañana quede el vago recuerdo   
del olor en nuestra piel.
Quizás mañana vuelva a aquel bar
esperando una visita inesperada.
Quizás mañana nos encontraremos,
sin miradas, sin sonrisas.
Quizás mañana, mi voz se quede muda
aunque se muera por gritar.
Quizás mañana, ese mañana no exista.

viernes, 13 de noviembre de 2015

ANTONIO GADES EL BAILAOR DEL COMPROMISO ÉTICO Y DE LA DIGNIDAD



Antonio Esteve Ródenas (Elda, Alicante 14/11/36 – Madrid 20/07/04), artística y popularmente conocido como Antonio Gades.
Aquí, donde no dejo de abrir cajas de recuerdos, tengo uno guardado desde hace muchos años que  ha ido cobrando cada vez más vida en mi memoria  por mi simpatía y cierta cercanía hacía el partido político al que como trabajador de clase, comunista e internacionalista perteneció y militó, Antonio Gades, el PCPE.


Quienes puedan leer este blog o bien me conozcan sabrán de mi pasión por la música y entre otros estilos, el flamenco.
Desde muy pequeña lo he escuchado y vivido por tradición familiar. Mis padres, grandes aficionados me llevaban con ellos a peñas flamencas y fue algo que se me metió en las venas; a menudo he pensado en que podría haber aborrecido el flamenco pero eso nunca ocurrió, al revés se quedó y abrasó.
En una peña flamenca a la que acudíamos a menudo, había un cartel de Carmen (Carlos Saura, 1983) en el que lógicamente aparecían Antonio Gades y Laura del Sol con una frase que nunca he olvidado “Inspirada en la novela de Merimée y ópera de Bizet” sólo era eso, pero aquel cartel con  Gades tan flamenco y tan majestuoso se me quedó grabado. Hace un año y medio acompañé a unos amigos al Centro Obrero y Popular Antonio Gades, sede del PCPE en Madrid y al encontrarme con la imagen de Gades y la frase (que ya conocía)“Yo de artista nada porque yo no me considero un artista. Yo me considero un trabajador, trabajador de la cultura, pero un trabajador”. Esta coincidencia me hizo recordar aquel cartel de Saura, aparte de que me animaran a escribir algo sobre él.

 

En estos tiempos que corren en los que aunque la gente se une para luchar contra  ciertas injusticias, la realidad es que se ha ido difuminando la esencia de lo colectivo y la unidad obrera. Si hay algo que nunca hay que olvidar es de dónde venimos y lo que somos, ni perder la conciencia de clase como individuo pero sobre todo de colectivo porque la victoria siempre se alcanza en conjunto y unidos.
Hay personas que desde muy jóvenes saben lo que cuestan las cosas. Luchan con dignidad, trabajo, esfuerzo y ese aguante inherente e insaciable de la clase obrera. La vida mancha y no, no mancha a todos por igual.
Mañana, 14 de noviembre, Antonio Gades hubiese cumplido 79 años, hijo de obrero republicano siempre tuvo esa conciencia, la de la más pura necesidad, la esencia de la clase obrera. 


Por necesidad comenzó a bailar rozando el año 50 y sus habilidades le llevaron por todo el mundo representando diversas obras tanto en ópera/teatro como en el cine.  Trabajador disciplinado y luchador incansable, fue atacado en diferentes ocasiones por la dictadura franquista, intentando que muchos de sus espectáculos fuesen un fracaso.
Algunos de sus trabajos más representativos:
En cine participó en Los tarantos, Fortunata y Jacinta, Días del pasado, Bodas de Sangre, Carmen, El Amor brujo y Flamenco.
Y en teatro realizó los montajes de El Amor Brujo,  Bodas de Sangre en donde reunió todo su saber, sobriedad, seriedad y por encima de todo la esencia de Lorca, Carmen de Bizet y Fuenteovejuna, su último montaje donde fusionaba a la perfección lo clásico y lo moderno, no sólo por todo lo que representa la obra de Lope de Vega sino por el baile en sí.
Cuba era el puerto de su vida y allí, donde le baña el mar, descansan sus cenizas, arraigadas a la tierra que él nunca pisoteó sino que acariciaba con su zapateo.
Antonio, por aquí siguen haciendo falta tipos como tú. Tu figura, tu baile, tu lucha, tu persona.

Pero él ya no está. Por eso
Antonio Gades, te digo:
lo que yo,
esto que te he dicho,
lo hubiera dicho mejor
Federico.

Rafael Alberti




martes, 20 de octubre de 2015

REFUGIO



Ese pequeño refugio que era tan nuestro.
Tan mío.
Todo lo que soy
La ligereza,
La transparencia,
La frescura,
El miedo inmaduro.

Aquel refugio
Donde los sonidos jugueteaban
Los sabores se mezclaban
Y eran ya viejos conocidos.
Tu piel
Mi piel

Aquel refugio
Era como la mar
Que sin palabras
Y diciéndolo todo y nada
Mecías las olas de mi cuerpo
Adentrándome
Poco a poco
Hacia la profundidad del mar.

Este refugio
Ahora es cieno.
Los sonidos están rotos,
Los sabores amargan,
La piel áspera.
Ahora LA NADA.

martes, 15 de septiembre de 2015

Y NO LLEGÓ LA PRIMAVERA



El otoño dejaba caer sus últimas hojas
resbalaban inquietas en sus manos.
Puede que fuesen como el destino
aquel que no era suyo,
y siempre se le escapaba.
Volvía aquella vieja sensación…
la de no merecer.
Quizás fuese el otoño, quizás ella.

Le miraba tras el cristal.
Y esbozaba aquella eterna sonrisa tonta,
sonrisa de enamorada.
la de después  del café,
la de cuando se miraban,
la del “bésame”.
Las manos buscándose bajo la mesa,
su mirada absorbiéndola,
sus labios pidiendo más.
Y aquella sonrisa.


La que mantuvo durante el invierno,
con muchos besos, muchos más cafés
y todas las sonrisas tras el cristal.
Ella pensaba en la Primavera,
en los paseos agarrados de la mano,
los besos furtivos en mitad de ninguna parte…



Pero aquellas manos dejaron de darle calor,
Los besos se congelaron,
La miradas se apagaron
Y no llegó la Primavera.
Sólo el frío, la soledad vacía tras el cristal
Y el café, sola, sin sonrisa.